Mira que tiene poco secreto, al menos aparentemente. Calentar el ron, un grano de café, una  corteza de limón y azúcar. Mi amigo Toni, de La Moreria del Raval (en Gandia), le pone un poco de miel. Quemarlo, bien quemado para que todo quede en su punto. Echarle el café con cariño y que queden sus tres colores bien marcados. Un poco de canela si te gusta y disfrutar.  Hay pocas cosas que redondeen un almuerzo o una comida como lo hace un buen “cremaet”. La vida ahora va muy rápida y con un tocaet queda todo zanjado. Mi amigo, Javi Ortiz, es uno de esos incondicionales del cremaet” con el que da gusto compartirlo. 

El tiempo vale mucho hoy en día.

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