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Hoy ha sido el primer día en Idomeni. Llegábamos mentalizados de la dureza que podíamos encontrar. Sabíamos por crónicas informativas y por los contactos que teníamos aquí cómo estaban las cosas. Sin embargo y a pesar de todo es admirable los comportamientos que hemos encontrado en toda la gente que allí hay. Una de las primeras cosas que nos ha recomendado Martín, un periodista en el voluntariado, ha sido que llevemos una sonrisa. Sí, una sonrisa. Nos ha extrañado dada la situación. Pero a los dos minutos de estar allí se ha acercado una niña, de unos 5 años con unas gominolas en la mano y ofreciéndole una a Carme, mi compañera y le ha esbozado una sonrisa. Carme llevaba unos dibujos que habían hecho niños de diferentes colegios de Gandia y le ha regalado uno. Al poco tiempo el resto de dibujos que llevaba le han volado de las manos. No os podéis imaginar, cómo no podíamos nosotros tampoco, que una cosa tan simple como dibujos les pudiese hacer tanta ilusión.
Después pretendíamos visitar el resto del campamento pero ha sido imposible. Hemos ido encontrando niños y niñas que, al grito de “Hey, my friend”, pretendían que les de volviéramos un disco, que visitásemos sus tiendas, que conociéramos a sus familias, que admiráramos su cometa hecha de cañas y bolsas de basura…
En la situación que se encuentran su actitud es admirable. Un sonrisa, todo lo contrario que les ofrece Europa.

Podéis visitar el diario del viaje en benvingutsrefugiatsgandia.es. Aquí os dejo el post del día 28 que escribe Begoña y que escribirá el resto del viaje.

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