En esto de la “tele” llevo unos cuantos años. He pasado por varias productoras, varias disciplinas y varios puestos. Hace años, no muchos, las televisiones tiraban con pólvora de rey para cualquier tontería que se presentase. Productores, auxiliares, iluminadores, grupos electrónicos del tamaño de un trailer, maquilladores… Eso era todo para conseguir llegar al punto de calidad que, se suponía, el espectador merecía. Que para hacer las cosas bien hace falta medios está más que claro. Aquello, la mayoría de las veces era desorbitado. Pero al menos, la calidad estaba ahí. Era el principal argumento para justificar todo el montaje y la movilización de todo el tenderete.
Hoy, ahora, esto ha cambiado. Todo. La calidad ya no es importante. Hemos llegado a un punto en el que el mundo de la televisión ya no prima la calidad. Ni de contenidos, ni de imagen, ni de nada. Sólo la audiencia importa.
Actualmente los productores, pieza fundamental, estan en peligro de extinción. Y no es que no hagan falta, es que nos acoplan las funciones al operador de cámara, al operador de satélite, al redactor o a un recepcionista de un hotel (Eso lo he vivido yo personalmente). Iluminar quieren que ilumines, claro. Y que llames al entrevistado, que lo entretengas (también nos ha pasado), que si puedes ir a por él y todas esas perlitas.
La mayoría, es posible, no lo notáis. Eso es gracias a que mis compañeros profesionales del audiovisual son amantes de su trabajo. Y trabajan dándolo todo. A pesar de que con cada subcontrata les bajan el salario y les aprietan cada vez más. Les escatiman las dietas y las horas extra.
A todos nos piden buscar el morbo: “si llora mejor” nos dicen. Te envían a cientos de kilómetros sin tener en cuenta nada. Les da igual que lleves 12 horas trabajando, que tengas que correr, que esté lloviendo, nevando o granizando. Te envian a lugares donde corre riesgo tu integridad física: “si la cosa se pone fea me llamas” dicen. ¿Te llamo? ¿Y que vas a hacer? Desde el despacho lo único que me puedes es decir es que me vaya y, eso, ya lo sé yo.
Y la burla más grande para nosotros, los curritos, es ver cómo predican y denuncian estas prácticas esclavistas de otras empresas y empresarios. Llenándose la boca defendiendo derechos de trabajadores, abogados contertulios aconsejando dónde y cómo denunciar estas cosas. Y así quedan fenomenal con la audiencia,  de chicos buenos. Y no se ponen ni “coloraos”.
Lo mismo da en la cadena que esteis pensando, son todas, no se salva ya ninguna.
Nosotros, los curritos, tenemos una cosa que ustedes no tienen: dignidad. No vamos a dejar de ser profesionales porque los trajeados de los despachos nos traten como un número más en sus cuentas. Nos gusta nuestro trabajo, pero no sólo eso, lo respetamos. Y ese es nuestro problema y de lo que se aprovechan.
Desgraciadamente esto tiene mal remedio. Y si siguen bajando la calidad los trajeados y el listón los espectadores, el audiovisual y los medios están heridos de muerte.

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