En estas tierras africanas la dignidad es una cosa que no existe. Nadie sabe lo que es y lo peor es que nadie la busca. A nadie le parece raro maltratar verbalmente a una persona porque esta un solo peldaño por bajo de ti. Nadie ve raro que ignores o empujes a gente que busca ganarse el pan vendiéndote un coco para que bebas su agua. Sin embargo si ven raro que trates educadamente a la chica que limpia, o que atiendas al vendedor que te oferta alguna cosa.

Creo que aquí no hacen falta empresarios que den trabajo, no hacen falta misioneros que prediquen la palabra, no hace falta que les envíen ayudas económicas. Aquí hace falta que esta gente aprenda a quererse i valorarse. Que sepan que son capaces de hacer muchas cosas por ellos mismos. Aquí la gente de países extranjeros sólo piensa en como enriquecerse a costa de la ignorancia de la gente que aquí vive. Sólo hacen falta escuelas e institutos, que sepan leer y escribir, que puedan aprender, que entiendan las cosas que pasan en su entorno, que aprendan a explotar sus recursos, que tengan opinión, que exporten su música, su artesanía, sus especias, su cocina. En definitiva, EDUCACIÓN.

Esta es mi opinión ahora que estoy con ellos. Lo estoy viviendo estos días y me doy cuenta que aquí respetan mi dignidad aunque no saben bien lo que es. Ven que les respeto como personas, cosa que entre ellos no pasa. Ellos no saben si tengo o no tengo dinero. Sólo saben que sé como funciona todo lo que tienen en su auditorio. Saben que se leer los planos de la instalación audiovisual del recinto. Y saben que respondo a todas sus preguntas sin dudar porque aunque me pregunten por el sexo de los ángeles soy capaz de formarme una opinión propia. Y sólo la respetan porque yo sé cosas que ellos no saben. Y todo lo que yo sé ha sido gracias a la EDUCACIÓN que he recibido. Sin ella aquí sería uno más.

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